Cuando lo digital abre perspectivas de futuro

El mundo tiene contrapuntos. Por un lado, la economía digital se expande y no logra satisfacer la demanda de perfiles técnicos. Por el otro, millones de jóvenes que viven en situaciones de vulnerabilidad tienen dificultades para estudiar y, hacia adelante, para trabajar. Por eso,  es que distintas organizaciones buscan insertar a estos jóvenes al nuevo mercado laboral a partir de la capacitación en habilidades digitales. Pero van más allá: acompañan a los chicos para que, además de aprender a programar,  aprendan a moverse en un mundo distinto al de su contexto.

El 33,7 % de la población de América Latina es pobre, según datos de la CEPAL de finales de 2020, situación que se profundizó por los efectos de la pandemia de la COVID-19. En la previa de la pandemia, se activaron diversas iniciativas en la región orientadas a captar a chicos en situación de vulnerabilidad que reciben capacitación específica. Los primeros egresados están viendo que es posible otra vida.

Si bien las modalidades varían de un país a otro, el punto en común es que todas debieron replantear sus programas en 2020 para mantener los vínculos iniciados apenas un año o un año y medio antes. Todas tuvieron que desarrollar plataformas virtuales para continuar con las cursadas en línea, algunas, además, tuvieron que trabajar en la conectividad en sentido estricto o proveer de alimentos a los alumnos y a sus familias.

Anima es un secundario tecnológico dual, habilitado por la Universidad del Trabajo de Uruguay, y de acceso gratuito para los jóvenes. Se financia con donaciones de empresas y otorga dos orientaciones: en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y en administración. Además de las competencias digitales,  busca desarrollar habilidades socioemocionales en los estudiantes que les permitan sostener lo nuevo que comienzan a aprender. 

Para ingresar, los chicos primero eligen en qué empresas les gustaría realizar las prácticas una vez que terminen sus estudios. Luego, esas organizaciones definen con quiénes se quedan. “Es un doble juego que garantiza el éxito de la práctica porque se trata de la construcción conjunta en el marco del plan formativo. Acá hay un mentor de la empresa que acompaña a esos chicos a lo largo de su capacitación”, dice Marcos Algorta, coordinador de formación dual de Anima.

El apoyo resulta fundamental pues los limitantes no solo pasan por lo económico, sino también por los modos en que tienen incorporadas ciertas pautas de convivencia.

Ese acompañamiento es también el que impulsan en Potrero Digital, una red de centros de aprendizaje de la Argentina en la que los chicos se entrenan en marketing digital, programación, comercio electrónico, diseño web, servicios en la nube y soporte. Para ello, tienen acuerdos con empresas como Google, Mercado Libre, Globant, JP Morgan, AWS, similares a los de otras asociaciones.

«Nuestros programas cuentan con mentorías para acompañarlos en la reinserción laboral en tres modos: que puedan trabajar freelance, que sean contratados por una empresa o que puedan desarrollar sus propios emprendimientos», detalló Yayo Bertamoni, director  de Potrero Digital, donde el 63 % de la matrícula son mujeres.

En Brasil hay varias iniciativas orientadas en el mismo sentido. Campinho Digital, el hermano menor de Potrero, además de ir directamente a las favelas del sur de Río de Janeiro a buscar jóvenes, tiene acuerdos con la fundación One by One que trabaja con chicos con discapacidad y Luta pela paz, que ayuda a los jóvenes que viven en comunidades afectadas por la violencia. 

Ahí la propuesta es para personas desde los 16 años en adelante, sin límite de edad. Hasta ahora, el umbral alcanzó los 35 años. Como la adopción tecnológica de adolescentes y jóvenes es más avanzada en relación a otros países, el objetivo de las capacitaciones es de inserción productiva. 

“El 60 % de los chicos logra certificarse y el 70 % de los certificados se inserta en el mercado productivo. Son nuestras métricas de mínima, pero un 90 % logra incorporarse al mundo laboral. El leitmotiv es darles una carrera para desarrollarse”, sostuvo Lucho Parenti, director de Campinho Digital.

Más al norte, en Recife, Porto Digital se concentra en los chicos de 16 a 24 años conocidos como los “nini”, ni estudian ni trabajan, o si lo hacen es dentro de la informalidad.

Recife muestra contrastes fuertes: ahí están radicadas más de 350 empresas de tecnología, pero también posee uno de los más altos niveles de desigualdad del país, según datos oficiales. De ahí que el objetivo no solo es ayudar a desarrollarse a los chicos desde el punto de vista económico sino también desde lo social.

Parte de la capacitación se concentra en habilidades blandas para luego avanzar sobre el proceso de incorporación en las empresas. “Son chicos que viven en la pobreza y no se sienten pertenecientes a este mundo donde las empresas son grandes, están en un lindo lugar; necesitan un proceso de adaptación para que se sientan cómodos en un ambiente tan diferente al que ellos suelen tener”, apuntó Marcela ValenÇa, responsable del proyecto de inclusión de jóvenes en Porto Digital.

Es algo similar a lo planteado por Algorta para quien “Anima es un lugar seguro para ellos. Además de lo académico está el capital social, el acceso a redes que, si no estuviéramos, no lo tendrían. Y rompemos esa segregación social. Los chicos que vienen son de la periferia, transitar por la ciudad es también parte del entusiasmo porque, si bien estamos en un barrio, tienen que circular, tienen que aprender a moverse de un modo distinto”.

Acá el impacto educativo tiene números: la posibilidad de que sigan la universidad es 70 % más alta que en otro bachiller y multiplica por 120 las posibilidades de conseguir un trabajo. De hecho, el 80 % de quienes egresan tienen continuidad laboral.

Programación y habilidades blandas. Y wifi para conectarse en el hogar, alimentos y ropa. La tarea de Porto Digital es sacar a esos chicos de “la pobreza absoluta”, razón por la que la capacitación que debería terminar en octubre se extenderá algunos meses más, para acompañarlos y alentarlos al cambio.

La oportunidad de mejorar  la calidad de vida traspasa a estos institutos de formación. El 40 % de los chicos que egresaron de Potrero Digital ya están trabajando o generando ingresos a partir de su experiencia digital y muchos buscan oportunidades para alcanzar una mejor posición, detalló Bertamoni. Unos 20 docentes de Potrero fueron también alumnos de este espacio. Además de convertirse en embajadores del modelo, muestran que las oportunidades y el cambio son posibles.

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