Energía, espacio y tiempo: tres conceptos clave para el teletrabajo

“El concepto estrella de la pandemia es la carga cognitiva”, dice Ailin Tomio. “Tenemos que ocuparnos de nuestra recuperación energética”, sentencia Sofía Geyer. Dos especialistas del comportamiento y las ocupaciones analizan los efectos del trabajo remoto y brindan algunas recomendaciones para cuidar la salud mental.

La pandemia aceleró los procesos de transformación digital. El sector de las tecnologías creció a pasos agigantados y abrió un escenario mundial con nuevos desafíos. Se corrieron los límites digitales, los espacios ―la casa y la oficina― se fusionaron y en medio de este proceso ―que lleva más de un año― se encuentran las personas, haciendo malabares con tareas que se acumulan y superponen, en un ámbito que siempre es el mismo. El teletrabajo forma parte de las nuevas lógicas de organización del ambiente laboraldel trabajo y si hay algo seguro en esta nueva normalidad es que llegó para quedarse. Pero si no se organiza correctamente el cuerpo no rinde y la mente, menos. Las preguntas, entonces, son por qué muchas personas se sienten agotadas y cómo resolverlo. Ailin Tomio, especialista en ciencias del comportamiento e innovación, y Sofía Geyer, terapista ocupacional especializada en creatividad e innovación, ofrecen respuestas.

 ¿El trabajo remoto nos afecta?

“El home office, que antes era solo una opción para muchas empresas, con la pandemia pasó a ser una obligación. ¿La ventaja? Descubrimos que hay formas distintas a las convencionales de medir el rendimiento, que se puede confiar en las y los empleados y que la presencialidad no siempre es una condición para la productividad, muchas veces es todo lo contrario. Sin embargo, se corrieron los límites del tiempo y del espacio, y eso nos generó problemas en los hábitos, nos afectó en la salud física y mental. Sobre todo, porque se dio en un contexto de incertidumbre generalizada a nivel social en el mundo y, además, porque se sumó a problemas culturales”, dice Ailin Tomio.

Sofía Geyer hace referencia a los límites ―ahora difusos― entre el trabajo y la vida familiar con el concepto de “work life balance” y explica: “Nuestra casa pasó a ser nuestro lugar de trabajo y a eso se le sumaron otras tareas, como la educación o el cuidado de los hijos, que antes de la pandemia iban a la escuela mientras sus padres trabajaban. Es decir, sufrimos una sobrecarga de ocupaciones que repercute en nuestro bienestar emocional y eso, a su vez, influye en nuestro rendimiento laboral”. Ese “desbalance” es mayor en las mujeres, porque son quienes mayoritariamente realizan este trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, según lo que se desprende de las encuestas de uso del tiempo, en aquellos países donde se realizan (y cuyos resultados suelen mostrar que las mujeres dedican el doble de tiempo o más a las tareas del hogar y de cuidado que los varones).

Ambas coinciden, por otro lado, en que quienes trabajan frente a la computadora desde sus casas sufren ansiedad y fatiga mental. Esto se debe, dicen, al exceso de las pantallas y al sedentarismo, que es otra característica propia de este tiempo. “Mucho de este agotamiento cognitivo tiene que ver con la forma en que estamos trabajando: en muchos casos, se replica el modo del trabajo presencial en el formato virtual y no se optimiza el tiempo ni el gasto de energía. Además, vivimos en una superposición de planos: escuchamos lo que pasa detrás nuestro, miramos la pantalla, percibimos lo que pasa del otro lado. Nos esforzamos para trabajar en varias dimensiones”, comenta Geyer.

“Con el ingreso de la virtualidad a todos los ámbitos de nuestra vida y la sobrecarga del trabajo, las personas buscan hacer más de una cosa a la vez: mientras estás en una charla de Zoom, estás trabajando en otra cosa, contestando un WhatsApp y pensando en lo que tenés que hacer después. Pero la atención no se puede dividir. No existe el multitasking, la atención va alternando y eso fatiga y baja el rendimiento. Al final del día, el gasto de energía es muy grande y además corrés el riesgo de que algo te salga mal”, agrega Tomio y asegura que toda esta carga es aún mayor para los equipos IT, porque su trabajo se incrementó al tiempo que el sector creció a un ritmo incomparable.

¿Cómo evitar un apagón mental?

En este escenario, es posible que aumenten en los trabajadores y las trabajadoras remotas los casos de burnout, el síndrome de estrés o desgaste laboral crónico que puede presentarse con la desmotivación laboral o con el agotamiento mental y físico en niveles impensados. Para no llegar a esta instancia ―indica Sofía Geyer― es importante aprender un concepto: recuperación energética. “El cuerpo no está preparado para responder a amenazas por más de tres meses. No podés hacer andar un auto con la reserva del tanque por mucho tiempo, hay que cargar nafta. Lo mismo pasa con el cuerpo: hay que aprender a descansar y recuperar energías”, explica. Por eso ―concluye― es importante detectar qué nos da y qué nos quita energía para poder mantener el bienestar y el rendimiento laboral.

En esta línea, Ailin Tomio asegura que “el concepto estrella de la pandemia es la carga cognitiva” y que “organizarse es clave para no malgastar los recursos cognitivos”. Para que sea posible, deja cuatro recomendaciones:

  1. Separar ambientes. “El cuerpo sabe qué hacer por las pautas del contexto. Es importante crear ambientes distintos para cada tarea, que el espacio de trabajo no sea el mismo que el del descanso. Muchas personas trabajan en la cama y luego duermen mal, porque pretenden que el cerebro entienda que debe dormir en el lugar donde trabaja”.
  1. Organizar tareas: una por vez. “Evitar la multitarea reduce el gasto de energía y aumenta la productividad”. 
  1. Optimizar el tiempo. “Estamos trabajando fuera de hora y eso no significa hacerlo mejor. El rendimiento no crece con más horas de trabajo, no tiene sentido. Se trabaja mejor cuando la cabeza está descansada y eso no hay que perderlo de vista. Por eso, es importante optimizar nuestro tiempo. Hacer una tarea por vez, manteniendo una concentración alta de 20 a 30 minutos y descansar 10”.
  1. Merecés descansar. “La flexibilización de los horarios puede aprovecharse para trabajar en el tiempo en que uno rinda y luego, se acabó. Es importante que dejemos espacio para el ocio y el descanso, porque el cerebro rinde mejor después”.

Distribución igualitaria de tareas en el hogar. “Ya es difícil que este reparto se dé sin que la mujer esté organizando esa división de tareas: pensar que alguien compre el papel higiénico, pedirle al otro que cocine, asegurarse de que alguien ayude a los chicos con la tarea es un trabajo más. Todo esta gestión es un trabajo más. Por algo, los jefes trabajan de jefes. La carga cognitiva es todo lo que pensamos detrás de las cosas, es invisible y es mayor en las mujeres. Hay que romper con eso”.

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