La diversidad también incluye la convivencia entre diferentes credos en el espacio laboral

La diversidad también contempla los credos. Brian J. Grim, presidente de la Religious Freedom and Business Foundation, propone formas de fomentar conversaciones honestas, la libertad y el respeto mutuo en organizaciones en las que conviven personas de diferentes religiones.

La espiritualidad ―con  adhesión a distintos credos o a ninguno― es uno de los aspectos de la diversidad, un tópico que domina la agenda de las organizaciones contemporáneas. Brian J. Grim, presidente de  Religious Freedom and Business Foundation, una asociación que trabaja para favorecer ambientes de trabajo diversos en cuanto a la pertenencia ―o no― a diferentes cultos, propone fomentar diálogos abiertos y respetuosos sobre las religiones entre los integrantes de las organizaciones.

—¿Cómo integrar los credos y la espiritualidad en las organizaciones?

—Muchas compañías emplean personas muy diferentes entre sí y trabajan la diversidad a través de la creación de grupos que promueven el diálogo entre personas de, por ejemplo, distintas etnias. También sucede con las religiones. El objetivo es que se sostengan unos a otros y también a otras personas, porque hacerlo será exitoso para la compañía.

—¿Es frecuente que las compañías impulsen este tipo de políticas?

—Muchas de las más grandes ya tienen implementadas estas acciones, como Google, Facebook, American Airlines, Texas Instrument, Amex…

—¿Cómo se hace para que las personas sientan que su fe es valorada y respetada? 

—En primer lugar, dándoles la posibilidad de tener conversaciones honestas. Contemplar que las personas tienen religiones distintas o que no practican ninguna. Insisto: se trata de tener conversaciones honestas, especialmente entre aquellos que poseen convicciones profundas. 

—¿Qué pasa cuando no creen en el otro o en las creencias de las otras personas?

—Cuando se busca que haya una conversación, después se encuentra que hay profundos valores en común, ya sean cristianos, musulmanes… Se abren espacios en los que comentar preocupaciones. Todos pueden sostenerse unos a otros en el marco de la libertad, y eso les permite sentirse valorados. Quienes pueden ir con su fe a trabajar sienten que pueden hacerlo mejor en esos espacios de intercambio.

—¿Qué tipo de acciones internas se llevan a cabo respecto de las creencias individuales en las organizaciones que promueven estas políticas? 

—En estos grupos se celebra la diversidad. Lo malo es cuando una persona no puede celebrar su fe y, además, el resto no la entiende, sea musulmana, cristiana o que profese cualquier otro credo. En Facebook, por ejemplo, tienen una división grande dedicada a conocer las religiones porque es el modo en que los empleados pueden entender el credo de sus pares que, por ejemplo, viven en una región distante a la propia, en otra cultura. La diversidad religiosa también tiene beneficios a nivel de los negocios porque las organizaciones y sus empleados pueden entender mejor a los clientes.

—¿Se estimula este tipo de diversidad en los equipos?

—Sí. Un ejemplo es el de Intel. Cuenta con una red que interconecta a cristianos, judíos, budistas y ateos que trabajan como grupo intercultural. Un día, un empleado de Costa Rica encontró una posición para ir a Malasia y su preocupación era cómo llegar a un lugar sobre el que no sabía nada; tampoco sobre el islamismo. Gracias a este grupo, pudo hacerse de amigos musulmanes y ellos lo ayudaron a tener una mejor conexión con la gente de Malasia. Eso fue fruto del trabajo de ese equipo. Si las compañías hacen negocios en un país musulmán o en otro donde la religión o la cultura le resultan ajenas, este tipo de equipos es muy importante.

—¿Las compañías desarrollarán más este tipo de políticas?

—Son políticas que están creciendo muy rápido en las empresas. Esto en Google, cuatro años atrás, no pasaba. Y ahora la compañía ya tiene 8.000 miembros en estos grupos. Walmart hoy tiene también grupos de religión. Todos los días una empresa me llama para que la ayude con estas ideas, es un movimiento que se está acelerando. Y la razón es que es muy bueno para los negocios.

—Y debe ser bueno también fuera de la compañía, para la sociedad.

—Sí, es lo que está pasando. La amistad que se genera en la compañía y se lleva afuera permite que, además, surjan nuevas ideas que ayudan a la comunidad. Todos estos grupos generan buena conciencia, sean de mujeres, de determinadas etnias, de lo que sea, porque se trata de trabajar todos juntos para ayudar a combatir los prejuicios y eso  termina impactando en distintos niveles.

—Es muy optimista sobre el futuro, entonces.

—Sí, soy muy optimista. Hoy, por ejemplo, tuvimos una conversación interreligiosa muy profunda en Google. Comprender a la gente en estos aspectos ayuda a la compañía y también a muchas otras organizaciones.

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