La inmigración como impulsor económico

Hay alrededor de 272 millones de migrantes en el mundo, lo que equivale al  3,5 % de la humanidad.

El 74 % está en edad para trabajar (tiene entre 20 y 64 años); de ellos, el 58 % son hombres y el 42 %, mujeres.

En los últimos años, la cantidad de migrantes trabajando en países de ingresos altos decreció mientras aumentó la de países de ingresos medios.

Solo en 2019, estas personas enviaron un total de 689 mil millones de dólares a familiares y comunidades de su país de origen.

Los migrantes tienden a contribuir más en impuestos y aportes sociales de lo que reciben como beneficios individuales.

En promedio, los migrantes de países en vías de desarrollo hacen al 7% de su producto bruto interno.


Hola Code

Aída Chávez y Diana Izquierdo son co-CEO de Hola Code, un emprendimiento social que les brinda educación en tecnología a migrantes y refugiados en México y que también los ayuda a insertarse en el mercado laboral.

“Se veía que había mucho talento desperdiciado en la comunidad de migrantes, pero al mismo tiempo no existía un programa de integración que les permitiese trabajar. En la vereda de enfrente, vimos que había una necesidad de desarrolladores de software en México y la región”, explica Izquierdo.

El principal motor de inspiración detrás del proyecto es la difícil realidad que enfrentan los migrantes de retorno: “Son mexicanos y mexicanas que vivieron todas sus vidas en Estados Unidos, crecieron y se identifican con ese país, y de pronto se ven forzadas a volver por estar indocumentadas”, explica Chávez. Y no son pocos: de 2008 a la fecha, se estima que hubo aproximadamente tres millones de migrantes de retorno, resultado de la recesión económica y la postura antinmigratoria de algunos Gobiernos. “Quisimos saber qué pasaba con ellos y descubrimos que se enfrentan a discriminación y muchas veces caen en la pobreza a pesar de ser bilingües y contar con skills”, explica Chávez.

Hola Code es un programa de cinco meses que enseña habilidades de software a personas migrantes. Después de graduarse, la organización los conecta con una red de 150 socios de contratación y empresas de tecnología, entre las que se encuentra Globant. La compañía además, revisa la currícula de los estudiantes, ofrece mentorías y propone entrenamientos posteriores para los egresados. Los graduados son todos chicos y chicas que quizás no cuentan con un título universitario, pero que son bilingües y culturales y que saben desarrollar software. En muchos casos, pasan de tener un sueldo de 300 dólares al mes a cobrar 1300 dólares en su primer trabajo después del programa. Por todo esto, las creadoras del programa lo ven como una forma de “hackear al sistema educativo”.

Además de enfocarse en migrantes de retorno, Hola Code ya empezó a trabajar con refugiados de Centroamérica, de Etiopía, Egipto y Nigeria. El siguiente desafío, explica Izquierdo, “es maximizar nuestros recursos y lograr ser un modelo sostenible en el largo plazo”.

José Torrens

José Torrens es venezolano y emigró a Colombia hace cuatro años. La situación político-económica de su país lo impulsó a buscar mejor suerte para él y, de esta manera, poder ayudar a sus padres y hermano (o familia) con sus gastos. Aunque había participado en política estudiantil en su ciudad de origen y también contaba con una licenciatura en Informática, a José no le fue fácil insertarse en Bogotá: “Cuando llegas a otra ciudad te das cuenta de que no eres nadie, que nadie te conoce y que tu mundo cambió por completo. Es una lección de humildad. Todo lo que quieras hacer te va a costar el doble a ti que a la gente que nació ahí”. 

Después de mucho tiempo trabajando como desarrollador de software freelance, José entró en Globant, donde trabaja desde hace dos años y medio: “Tenía prejuicios sobre cómo iba a ser tratado como migrante. En mi vida cotidiana a veces me cuesta hablar libremente porque no quiero que me reconozcan el acento o me vayan a tratar distinto. La verdad, la experiencia en Globant fue un choque total con lo que yo me imaginaba. Conocí mucha gente de otros países latinoamericanos con quienes hoy comparto y aprendo muchas cosas. Nadie es diferente de nadie”.

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