Por qué el acceso a internet es un derecho humano y cómo se puede incrementar en el mundo

Quizás algunos antes de leer esta nota hayan navegado en internet para hacer las compras del supermercado, leer las noticias, sacar un turno médico, estudiar, chatear, acordar una cita o simplemente entretenerse. En muchos casos, la incorporación de la tecnología surge de manera natural. Sin embargo, solo el 59 % de las personas en el mundo tuvieron acceso a internet en 2020, según el Digital 2021 Global Overview Report elaborado por We Are Social y Hootsuite.

Más allá de que el porcentaje es alto y va en aumento, todavía una gran parte de la población mundial continúa marginada. En 2016, la ONU declaró al acceso a internet como un derecho humano, ya que la inclusión digital es también una manera de inclusión social. Esto es así porque a través de los dispositivos se accede a educación, salud, información y cultura, entre otros beneficios.

Uno de los grandes avances para reducir la brecha digital es el reconocimiento del acceso como un servicio universal. De esta manera, los prestadores y los Gobiernos deben satisfacer la expansión de la demanda a un determinado precio. En Estados Unidos, donde el 80 % de la población tiene acceso a internet en el hogar, según un informe del BID de febrero de 2021, se desarrollan políticas públicas como subsidios a personas de bajos recursos o de distritos escolares específicos. Dichas acciones también alcanzan a las personas que viven en zonas rurales, habitualmente más retrasadas. En regiones como Latinoamérica esta es una de las problemáticas más difíciles de resolver. 

En Colombia, el costoso desarrollo de la red troncal de fibra óptica cubrió al 80% del territorio, pero hasta ahora solo el 52 % de sus habitantes tienen acceso a internet en el hogar. En Chile asciende al 87,5 % y una de las iniciativas comenzó en 2010 con el nombre Todo Chile Comunicado. Según el mismo informe del BID, logró conectar con transmisión de datos y ancho de banda móvil a más de 3,1 millones de personas.

Durante 2020, Sudamérica promedió un 72 % de penetración de internet, de acuerdo al Global Overview Report. Europa del Norte alcanzó el mejor porcentaje (96 %) y África Oriental, el peor (24 %). El desarrollo de los países más relegados es la cuenta pendiente del acceso a internet, aunque existen proyectos que generan esperanza. 

Facebook y Google lideran distintas iniciativas globales. La empresa de Zuckerberg se asoció con diferentes operadores móviles para que, a través de una aplicación, se pueda acceder a determinados sitios webs. Con una importante presencia en países retrasados tecnológicamente como Senegal, Angola y Kenia, el proyecto tuvo un alto impacto, aunque recibió críticas de violación a la neutralidad de la red. En paralelo, la compañía del buscador más famoso del mundo lanzó Proyecto Loon que buscaba crear una red inalámbrica de 5G con globos de helio ubicados en la estratósfera. Sin embargo, se vio interrumpido por los altos costos; de esta manera, el ambicioso proyecto de internet satelital de Elon Musck tomó la delantera. Con su empresa SpaceX, el CEO de Tesla ya envió más de 1500 satélites a la estratósfera y apunta a que operen en una órbita baja para brindar un mejor y más amplio servicio. Starlink, como se conoce a esta red, ya está funcionando en su versión de prueba en algunos países.

Durante el último año, la vida en los hogares marcada por la pandemia dejó en claro las posibilidades que brinda internet. Lejos de ser un simple entretenimiento, demostró ser uno de los canales más importantes de inclusión social, laboral y cultural. Se ha convertido en un verdadero derecho humano y, por eso, el desafío está en permitirle a cada ciudadano el acceso a esta valiosa y potente vía que le permite crecer y desarrollarse personal y profesionalmente.

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