Salario emocional: un valor intangible cada vez más protagonista

Flexibilidad en los horarios, empatía en el trato y consideraciones individuales son algunas de las claves para pagar lo que no tiene precio. Por parte de cada colaborador, capacidad de autoevaluar qué lo motiva y cuáles son sus límites.

“El trabajo dejó de ser algo separado de la vida personal. Pasamos una parte del día durmiendo; otra con amigos, familiares, redes sociales y televisión y, finalmente, la mayor parte del tiempo la pasamos trabajando”, asegura Maria Isabel Elizundia, creadora del Barómetro del Salario Emocional, nacida en México y radicada en Madrid. Y revela: “Según las últimas estadísticas en torno a este tema, el 80 por ciento de las personas se siente infeliz trabajando. Es decir que tenemos que cambiar la manera en que se gestiona el trabajo”.

Marisa ―así le dicen― tiene 53 años, es especialista en Recursos Humanos y ofrece una mirada revolucionaria. “El salario emocional es una responsabilidad compartida entre la empresa y el colaborador. En ese marco, los líderes son un agente esencial. El colaborador tiene que ser considerado desde un punto de vista holístico. Pero, además, él mismo debería conocerse lo suficiente como para saber qué tiene como puntos fuertes, qué necesita para motivarse, qué valora y cuáles son sus límites. Muchos dicen ‘quiero más libertad’, pero ¿puedo administrarla con la suficiente disciplina?”, apunta.

No se trata, dice, de “pedir y que te lo den”, sino de conocer las necesidades de cada uno para crecer. Por eso, destaca lo vital de la comunicación. “Las relaciones laborales son algo para trabajar con constancia. No es que tomas una pastilla y se soluciona el problema”, agrega. 

Sobre la posibilidad de diseñar salarios emocionales a medida, la especialista resume: “Dado que es único para cada individuo y tiene que ver con lo que es importante para esa persona, hay que hacer hincapié en que cada uno diseñe el suyo responsabilizándose de lo que es importante para sí”.

En el plano concreto, Elizundia propone la aplicación de su barómetro del salario emocional, que permite medir lo que los empleados perciben que tienen a favor y lo que les falta. Entre los factores a analizar destaca la autonomía, el sentido de pertenencia, la creatividad ―analizar los problemas desde diferentes perspectivas―, la dirección ―que los líderes piensen de manera flexible―, el disfrute ―fomentando eventos para que los empleados puedan reunirse―, inspiración, maestría ―que los líderes reconozcan a sus colaboradores―, crecimiento personal ―por los rasgos positivos y fortalezas―, crecimiento profesional ―por medio de sesiones de intercambio de habilidades― y propósito ―para el desarrollo de objetivos claros y revisables―.

“La diversidad de perspectivas está dada por un gran número de factores, como el género, la educación, la geografía y la cultura, entre muchos otros. Es importante entender que hay distintas formas de ver el mundo, vivir la vida y que se construye desde la experiencia e historia de cada uno”, dice Verónica Giménez, People Executive Director para Latinoamérica de Globant. 

“En ese sentido, asegurar espacios de visibilización y escucha es clave para diseñar una estrategia. Generar una cultura que potencie la autonomía y el empoderamiento para que distintas personas encaren propuestas. Poder construir esa cultura teniendo la perspectiva desde diferentes escenarios es lo que nos permite construir una política que incluya la diversidad”, agrega. Por eso, destaca el Programa Be Kind to Yourself de la compañía, enfocado en el bienestar físico, mental y espiritual de cada empleado y que incluye sesiones para dejar de fumar, espacios de mindfulness, clases de yoga, reiki, día off para uno mismo, entre otras posibilidades.

Entonces, ¿cuán importante es este aspecto emocional en un mercado laboral que busca retener talentos? “Muy”, desde el punto de vista de Elizundia. “Obviamente, el salario económico será muy importante, pero el emocional será diferenciador. El dinero está. La competencia del futuro no será de sueldos, sino de salario emocional. Todo teniendo en cuenta que es algo cambiante y adaptable. El crecimiento del teletrabajo producto de la pandemia mostró mucho de esto”, asegura.

Y coincide Giménez: “Me atrevo a decir que en el mercado laboral actual, atender este tipo de necesidades y generar iniciativas concretas es un eje fundamental para cualquier empresa del sector. Es de gran relevancia construir una estructura de escucha activa para desarrollar una cultura organizacional que potencie lo mejor de cada persona. Hoy las organizaciones son conscientes de que generar un balance entre la vida personal y profesional es un factor clave”.

Publicado el