Diversidad socioeconómica en tecnología: una ganancia segura

La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto la necesidad de la conectividad para seguir estudiando, trabajando e interactuando con otras personas a pesar del aislamiento impuesto por las medidas sanitarias. También expuso que nuestras vidas cotidianas están atravesadas por lo digital. Las actividades que se mantuvieron fueron las que ya habían iniciado el llamado “proceso de transformación digital”. Con los trabajos sucedió lo mismo. En este contexto, se impuso con más premura que nunca la importancia de capacitar a jóvenes en habilidades digitales, especialmente entre quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. Aprender sobre los nuevos trabajos es la llave para incluirse en un mundo laboral que viene modificándose de manera profunda.

En América Latina, el sector de las nuevas tecnologías demanda talento de manera constante y la oferta laboral no logra cubrirse en su totalidad: un sinsentido en una región castigada por el desempleo. Es la razón por la que diversas iniciativas se dedican a la capacitación en habilidades digitales. Buscan a jóvenes en situación de vulnerabilidad para entrenarlos en los perfiles que hoy necesitan las empresas. Y las organizaciones que apuestan a la diversidad terminan siendo también más inclusivas hacia adentro y hacia afuera.

El mundo es digital y también es diverso. “Internet se está convirtiendo en la plaza de la ciudad del mañana”, dijo Bill Gates, fundador de Microsoft, hace muchos, muchos años. Es la frase de cabecera de The Marconi Society, una asociación que promueve la conectividad a través de tecnologías avanzadas y la inclusión digital como paradigma de innovación. Sus programas buscan generar impacto social con el objetivo de alcanzar la equidad digital.

El 57 % de la población de América Latina tiene acceso a internet y todavía hay más de 210 millones de personas desconectadas en el territorio. Pero además, existe otra brecha entre inclusión y exclusión que es la referida a la brecha de uso: el 39 % de los habitantes de la región todavía no es usuario activo de la tecnología, según datos de la GSMA Latin America.

Semillero Digital es una de esas tantas iniciativas que capacita a jóvenes en nuevos oficios relacionados con la tecnología. A través de la articulación con varias ONG, brinda programas de inserción laboral que complementa con contención socioemocional.

“Creemos que la participación de los estudiantes de Semillero genera riqueza en el ámbito laboral por dos razones. La primera es que está comprobado que a mayor diversidad en los equipos, mayor innovación. Cuando chicos y chicas formados en universidades privadas interactúan con pares de otros contextos es ahí donde se hace real la diversidad. La segunda es que en los equipos digitales se busca capacidad de resiliencia, coeficiente de adaptabilidad, voluntad y aprendizaje y eso es lo que los chicos y las chicas de Semillero Digital ya tienen. Vienen de tener pocas oportunidades, de luchar desde mucho más atrás que otros, de golpear muchas más puertas para que se abran; al conocer sus historias se advierte que tienen el potencial para desarrollarlo en las empresas”, explicó Demian Niedfeld, cofundador y alma mater de Semillero.

Arbusta es otra de las organizaciones concentradas en desarrollar talento a nivel regional. Con presencia en Montevideo (Uruguay), Buenos Aires y Rosario (Argentina), Medellín (Colombia) y Miami (Estados Unidos), apunta a entrenar a jóvenes en habilidades que necesita la industria de la tecnología informática (TI) teniendo en cuenta las que ya tienen incorporadas desde lo personal y lo social.

Martina Deluchi, mánager de Capital Humano, explica que el modelo de Arbusta “apunta a generar un impacto positivo en lo social y económico. Encontramos que en el mundo de la tecnología había una gran necesidad de talento. Se planteó una guerra ficticia de talento; Arbusta rompió con ese paradigma y pasó a otro de abundancia, entendiendo que el talento es universal, está en todos lados. Son las oportunidades las que no eran universales. Arbusta brinda esa primera oportunidad para millones de jóvenes en América Latina que tienen muchas barreras para ingresar al mercado laboral de la tecnología”.

Y agrega Deluchi: “Esos jóvenes que empleamos vienen con un montón de habilidades que son requeridas por la industria, como la resiliencia, la creatividad, la adaptabilidad, que no necesariamente se aprenden en una carrera universitaria sino que caracterizan a los centeniales, que es la generación a la que apuntamos para dar empleo. Desde ahí generamos un win win porque son habilidades que hacen que nuestros servicios sean de calidad para nuestros clientes”.

Para captar a ese talento, Arbusta no se aferra al CV tradicional y busca identificar el potencial de cada persona: sus capacidades de aprendizaje, de compromiso y resiliencia, que son altamente valoradas en el mercado en general y la industria tecnológica en particular. “Como son jóvenes que tienen barreras para ingresar al mundo laboral, en el proceso de selección no nos centramos en la experiencia previa o en lo que estudiaron sino en el potencial; usamos herramientas y técnicas que nos permiten entender ese potencial”, explica la ejecutiva.

Lo que dio origen a la iniciativa de Arbusta fue detectar que en el mercado había muchas capacitaciones digitales para jóvenes en situación de vulnerabilidad pero luego se les hacía difícil la inserción laboral. Así fue que esta empresa decidió centrarse en dar oportunidades reales de empleo, razón por la que “uno de los valores más importantes es aprender trabajando”. “No contamos con programas de capacitación extensos. Creemos que la experiencia es la manera más rica de aprender”, subraya Deluchi.

“Para acompañar la experiencia contamos con espacios de capacitación y formación que no solo incluyen habilidades técnicas sino también socioemocionales, que son fundamentales para sostener y desarrollar el trabajo”, agrega.

Crack The Code es una organización que enseña programación para niñas y niños con un enfoque de diversidad. “En nuestra academia somos conscientes de la necesidad de enseñar bajo los enfoques de género e interculturalidad, por lo que procuramos formar grupos en los que haya niños y niñas para mitigar el sesgo según el cual la programación es únicamente para los hombres y, más bien, buscamos empoderar a todos los y las estudiantes para lograr lo que ellos deseen independientemente si son hombres o mujeres. Asimismo, gracias a la virtualidad, hemos podido llegar a más países, de manera que nuestros estudiantes tienen la oportunidad de conocer diferentes culturas y de crear pequeñas comunidades de aprendizaje. Consideramos que la programación es un lenguaje que puede unir a las personas y generar cambios positivos tanto a nivel personal como social”., expresa Estefanía Granados,  mánager del Área de Marketing de Crack The Code. 

Esta organización suele participar de diferentes proyectos sociales orientados a promover el desarrollo de competencias digitales en estudiantes de bajos recursos económicos. La programación, en este caso, es un medio para que desarrollen habilidades digitales y también para que puedan tener proyectos en los que volcar sus conocimientos y alcanzar lo que se proponen. 

La brecha tecnológica mostró con más crudeza las desigualdades. Por eso, la inclusión digital es un camino para reducir una parte importante de la deuda social. De ahí la necesidad de ampliar más la mirada. “Creo que es una cuenta pendiente para las organizaciones poner el foco en la población en situación de vulnerabilidad. Si bien se hace y hay casos testigo, no se llegó aún a la escala deseada. No descubro nada nuevo cuando digo que los equipos diversos logran mejores resultados. El tema es que muchas veces esa diversidad se limita a género, geografía o disciplina”, apunta Francisco Michref, director de Asuntos Públicos y Sustentabilidad de Globant.

Michref considera que “incorporar personas de contextos socioeconómicos vulnerables suma otra variante transversal que enriquece de manera muy particular al equipo, desafía preconceptos”, y subraya que quienes provienen de esos contextos, una vez que se incorporaron a una empresa se destacan por el compromiso y las ganas de aprender.

“El desafío para las empresas está en que muchas veces formar e incorporar a personas que viven en contextos de vulnerabilidad implica un esfuerzo extra o al menos lleva más tiempo. Las compañías tienen que tener la voluntad y la decisión política de apostar por ese tipo de diversidad”, concluyó Michref.

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