La comunidad trans en la industria tecnológica: una agenda en construcción

A Angélica Ross le gustaban la lectura y la computación desde que era chica. Era nerd, como se definió orgullosa en una entrevista. De adulta, su camino fue mucho más difícil de lo que imaginaba: cuando empezó su transición de género, la echaron del trabajo, su familia le dio la espalda y fue introducida en el mundo de la explotación sexual.

Pero ningún obstáculo fue suficiente para detener a Angélica. Aprendió por su cuenta a hacer sitios web y empezó a trabajar en organizaciones donde se ayudaba a personas transgénero. Se dio cuenta de que tenía que combinar ambos mundos. Así fue como nació TransTech, una incubadora de talento para personas de la comunidad trans, que busca empoderarlas en el mundo tecnológico.

“Siempre creí en el valor de la diversidad y la resiliencia, que son dos habilidades que nuestra comunidad tiene, pero nunca encontramos la plataforma y el entorno ideal para desarrollarnos profesionalmente. Eso es lo que intento aportar con TransTech”, dijo en una entrevista con el sitio Tech Crunch. 

Existen tres formas de participar en esta organización: una membresía comunitaria y gratuita para acceder a talleres; una profesional, que ofrece mentoreo y oportunidades laborales, y una corporativa, para que las empresas financien y acompañen la inclusión transgénero. Entre otros apoyos, cuenta con el de la Casa Blanca ―Barack Obama la recibió en su momento― y de Human Rights Campaign.

Si bien la organización está radicada en Chicago, donde cuenta con un espacio de coworking, tiene beneficios para los miembros de todo el mundo. Por ejemplo, hace unos días se ofrecieron 50 becas para los programas de The Linux Foundation.

También en los Estados Unidos, Out in Tech nuclea a más de 40 mil personas de la comunidad LGBTQ+. Funciona como un espacio de networking, en el que hay charlas con referentes de la industria IT, clubes de lectura y ayuda para los miembros en la búsqueda de empleo. En ese país, el 7 % de los trabajadores del sector tecnológico son parte del colectivo, una proporción mayor a la que hay en el total de la fuerza laboral (5,7 %), según datos de una encuesta realizada por Gallup el año pasado.

En la Argentina, en 2018 la organización Impacto Digital se alió con Fundación Huésped y con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo creó Contratá Trans, una iniciativa para mejorar las condiciones de empleabilidad del colectivo. Además de ofrecer una bolsa de trabajo, el proyecto capacita a los equipos de Recursos Humanos de las empresas y ofrece asesorías para generar un ecosistema abierto a la diversidad. Entre los primeros participantes estuvo Globant.  

Otra iniciativa argentina es Trans TI que brinda soluciones tecnológicas a empresas. Cuenta en su equipo con más de 10 personas trans y entrena a otras tantas para ofrecerles salida laboral. Una de sus integrantes, C., es una refugiada rusa que escapó a la Argentina, donde estuvo en situación de calle hasta que pudo salir adelante y ahora es especialista en QA. Sin conocimientos previos, logró un empleo de baja complejidad, buenos ingresos y con espacio para seguir aprendiendo.

“La industria está muy demandada desde hace varios años. Las compañías son parte de una sociedad que estigmatiza. Nosotros tenemos la oportunidad de ‘forzarlas’ a ser más inclusivas”, dice Daniel Coletti, cofundador de Trans TI.

Hay diferentes factores por los cuales la industria tecnológica se presenta como una oportunidad para las personas trans, en comparación con el resto del mundo laboral. Por un lado, siempre se caracterizó por tener una mirada progresista y disruptiva; los hackers y los dispositivos cada vez más modernos son ejemplos de ello. Por el otro, miembros de esta comunidad vieron la posibilidad de introducirse en este mercado bien remunerado sin necesidad de terminar la educación formal.

“La industria IT nos permite valernos por nuestras habilidades más allá de las barreras para acceder al estudio, muchas veces por rechazo del sistema. Es una posición estratégica: podemos formarnos para estos sectores y eso permite que las desventajas que tuvimos a lo largo de nuestra vida no impacten negativamente a la hora de conseguir un trabajo”, dice Josefina Lucía, presidenta de la cooperativa Alternativa Laboral Trans, una agencia tecnológica que en su sitio web informa que en la Argentina solo el 18 % de la población trans tiene acceso a un empleo formal. “La diversidad es una ventaja comparativa. Si vos tenés una sola forma de comprender el mundo, vas a tener una pobre representación de las personas a las que querés llegar, pero si vos pensás desde diferentes etnias y géneros vas a hacer un producto más complejo y amigable para todos”, agrega.

La industria tecnológica entiende el valor de la diversidad y  por naturaleza está abierta al cambio. En un mundo donde la comunidad trans históricamente se vio relegada, puede ser una gran oportunidad para derribar obstáculos más rápidamente que en otros sectores. Y ya está sucediendo.

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