El valor de los +50 en el mundo del trabajo

Elizabeth Isele, CEO de The Global Institute for Experienced Entrepreneurship, de los Estados Unidos, cuenta cómo las personas mayores de 50 años se están volviendo cada vez más una fuerza laboral que crea valor y emprendedoras exitosas. El aporte de los sénior en equipos diversos y su papel en el desarrollo tecnológico.

—¿Por qué pensar en las personas mayores de 50 es una buena apuesta?

—Porque son el futuro de la economía. En número, están creciendo a una velocidad inmensa: cada año su número se eleva a un equivalente al 3,2 % de la población global, cuando el resto de la población crece a un 0,8 %. La comunidad sénior contribuye al crecimiento económico en todos los ámbitos de los que forma parte: así sea dentro de la fuerza laboral de las organizaciones o en el desarrollo de emprendimientos. Para 2050, la contribución a la economía de las personas mayores de 50 se triplicará.Combatir el ageism (prejuicios y discriminacion generados por la edad de los empleados) representa oportunidades de negocio inmensamente redituables. De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que las personas mayores de 50 se queden en sus empleos puede significar un  aporte de 3,5 trillones de dólares a la economía de sus países miembro. Y son tendencias que siguen aumentando. Por ejemplo, el número de personas que comienzan su negocio después de los 50 aumentó un 15 % desde 2008, en todo el mundo.

Existe el mito de que los grandes emprendedores son solo jóvenes, ¿cómo son los de esta franja etaria?

—Una persona que empieza su negocio después de los 50 es tres veces más capaz que un joven de 30 años de lanzar una start-up exitosa. De todos los nuevos negocios del mundo, el 70 % fue lanzado por personas mayores de 50. Y se mantienen en el tiempo.

El otro aspecto del emprendedurismo y las personas mayores que vale aclarar es que no se trata solamente de emprender, se trata de crear puestos de trabajo, impulsar la economía local y global. Hasta los bancos comienzan a darse cuenta de que los séniors representan una gran oportunidad como beneficiarios de préstamos. Es que son personas que, además de tener éxito en su empresa, son muy responsables a la hora de devolver el dinero.

Quienes tienen 50, 60 o 70 años y lanzan un negocio que no prospera, harán todo lo que esté a su alcance para pagar la deuda inicial. En cambio, las personas más jóvenes suelen preferir declararse en bancarrota. Como prueba de esta realidad, la Unión Europea creó en la 50+ Entrepreneurship Platform para proveer educación en financiamiento y apoyo de políticas públicas para ayudar a las personas mayores a empezar su negocio. Y la razón para hacerlo es que estos emprendimientos dan trabajo a jóvenes desempleados. En definitiva, todos se benefician.

¿Qué tiene para aportar, por ejemplo para el mundo de la tecnología, una persona en su madurez?

—No hay que poner a las personas en silos. Si miras a los millennials y a las nuevas generaciones, los objetivos son los mismos. Los jóvenes pueden aportar muchas ideas; los sénior saben cómo catalizarlas, convertirlas en acción. Los adultos somos creativos, conocemos el mercado, entendemos a la competencia y ya estuvimos trabajando toda la vida. Siempre es clave respetar al otro y valorar su conocimiento. Cuando las ideas se evalúan en grupos intergeneracionales para ver por qué pueden funcionar o no, personas de todas las edades trabajan en conjunto en pos de soluciones sostenibles. Lo importante es saber innovar y reinventarse. 

¿Cómo se beneficia un entorno laboral multigeneracional?

Las empresas y emprendimientos de las personas sénior son para todos. Es una forma de entrar a la comunidad en general y contratar a empleados para ayudarlos a progresar. Las fuerzas de trabajo que están compuestas de edades diversas producen una economía más productiva y rentable y ayudan a aumentar el PBI per cápita. Hay muchos datos para respaldar esta política, no se adopta simplemente para ser buenos. Es un imperativo económico. Se trata de capitalizar la experiencia tanto de los sénior como de los jóvenes y unir sus experiencias. Por ejemplo, Barbara Beskind vio en una entrevista por televisión a David Kelley, fundador de Ideo, una empresa global de Silicon Valley que crea impacto positivo a través del diseño. Kelley hablaba de la importancia de contar con un equipo de diseño diverso. Barbara quedó tan impactada que le mandó una carta ofreciéndose a trabajar allí y logró el trabajo después de haber cumplido los 90, nada menos que en Silicon Valley, donde priman los jóvenes incluso menores de 30. Beskind forma parte del equipo de creadores de esta empresa en la que no solo diseña, sino que opina sobre los productos desarrollados para personas mayores.

¿Qué asuntos pendientes quedan en torno al empleo sénior? 
—Creo que necesitamos impulsar mucho más la economía sénior. Hemos visto que es productiva y rentable. Entonces, la pregunta es: ¿por qué las compañías no hacen marketing para este inmenso mercado? Se trata de un gran desafío, con un sinfín de  oportunidades. Por otra parte, asignarles roles a los adultos en un mundo donde está en boga la inteligencia artificial. Lo que debemos hacer es romper la caja negra: si más personas mayores estuviéramos involucradas, los jóvenes sabrían cómo adaptar la inteligencia artificial y hacerla equitativa para todas las edades. También creo que es necesario que haya más programas de financiamiento para iniciativas de silver economy y para que funcionen tienen que ser parte de un ecosistema en el que la economía esté articulada con la sociedad y las políticas públicas. Esa es la manera de garantizar la sostenibilidad, además de desarrollar programas de esta índole que están customizados según las culturas y necesidades de las personas en distintos lugares del mundo.

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