La emprendedora que inventó una app para ayudar a personas con depresión y ansiedad

¿Se puede aplicar la tecnología al cuidado de la salud mental? ¿Puede ser una herramienta que ayude a estabilizar el bienestar emocional? Combatir sus propios síntomas de depresión fue lo que motivó a Andrea Campos Guerra a crear Yana (You Are Not Alone), una aplicación que acompaña a personas que padecen o creen padecer esta enfermedad. 

Esta joven mexicana de 27 años comenzó a trabajar en el proyecto cuando estudiaba programación, y fue el trabajo final de un curso que realizó en 2016. Hoy, la aplicación cuenta con más de 7 millones de usuarios de todo el mundo. En diciembre de 2020, Campos Guerra fue una de las tres ganadoras del premio Women that Build Edition de los Globant Awards 2020.

“Empezó como una solución a un problema personal. He batallado con depresión muchísimos años de mi vida y una de las últimas veces que tuve episodios muy fuertes justo hacía un año y medio que estaba aprendiendo a programar; entonces me pregunté: ‘¿Cómo puedo juntar lo que estoy aprendiendo en programación con lo que que estoy aprendiendo en terapia para armar algo que me ayude a sobrevivir el siguiente episodio?’ Porque sabía que iba a tener otro. Fue cuando empecé a platicar con más personas y a presentar la propuesta en lugares que me di cuenta del tremendo problema que es la depresión y que esta plataforma podría servirles a otras personas”, relata Campos Guerrero.

Yana es un chatbot, es decir, un agente conversacional automatizado, que con una estrategia de atención basada en la terapia cognitivo-conductual, brinda apoyo a personas con depresión, ansiedad o problemas emocionales. Cuenta con funciones gratuitas y pagas a través de una suscripción mensual y la participación es 100 % anónima. “El bot no está capacitado para atender una crisis; si está detectando los síntomas, interrumpe la conversación, te lo comunica, te pregunta si es correcto o no, y si es correcto te muestra las líneas de atención de crisis de tu país y te da recomendaciones, como que contactes a tus familiares y médicos”, describe la creadora de Yana.

—¿Cómo fue tu camino como emprendedora? 

—Los primeros dos años fueron complicados desde el aspecto legal y regulatorio, porque no había un precedente muy claro en México, por lo que terminamos lanzando la app entre marzo y abril de 2020. Al principio creció a un ritmo normal pero nuestro despegue fue en octubre, que es el mes de la salud mental, cuando la tienda de aplicaciones recomendó Yana y despegó nuestra base de usuarios. Ahorita tenemos 7 millones de usuarios registrados. 

—¿Cuáles fueron los principales obstáculos que encontraste en el camino? ¿Sentiste que tu género y tu edad lo fueran?

—No, no sentí que el género y la edad influyeran pero sí tuve obstáculos. Cuando empecé, todos me decían que necesitaba un cofundador. Eso tenía mucho sentido, entendía el propósito detrás del comentario, pero para mí la lógica era que lo haría solo si conocía a la persona indicada y eso no ocurrió. Todos me decían que no iba a tener éxito si lo hacía sola. Otra traba era que fuera un proyecto social: se suele pensar que si es social no da dinero. Tardé tres años en levantar mi primera ronda de financiamiento y fue de 110 mil dólares la primera vez, la segunda fue a principios de este año y hace tres meses cerramos la tercera. Pero esto fue luego de que hubiera despegado, previo al destaque de la app store no lo logramos. 

—¿Cuáles fueron tus mayores aprendizajes?

—Algo que siempre digo es que no hay que emprender solo por emprender. No sé en qué momento se convirtió en una moda que de repente hay que tener tu propio negocio. Si no tienes algo muy concreto, un dolor que quieras resolver en el mundo, yo recomiendo no emprender. La realidad es que se va a poner bien difícil y si no tienes esa motivación constante de que sea algo que tu elegiste, es difícil que lo logres. El otro aprendizaje es que no te obsesiones con un camino en particular. A mí me decían que no iba a armar la app sin cofundador. Otra que me decían mucho era que ya necesitaba lanzar, que estaba tardando mucho, pero mi negocio no era comida a domicilio. No hay un camino recto, una fórmula única para tener éxito con tu emprendimiento, hay que confiar en uno y respetar tus valores. 

—¿Creés que la tecnología puede ponerse al servicio de la salud mental?—Hace unos meses Yana fue la aplicación más descargada en la app store en México y en otros 13 países de Latinoamérica y fue algo muy bonito no solo a nivel empresa, sino que vimos como un logro que llegara al número 1 una app de salud mental. Creo que la tecnología puede aportar mucho más al cuidado de la salud mental. Por mi parte, mi proyecto para los próximos 10 o 15 años es Yana. Me gustaría meterme más en la parte de educación, creo que tendríamos un mundo bien diferente si nos enseñaran a manejar nuestras emociones desde niños.

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