Una oficina accesible es un espacio inteligente

La clave de la accesibilidad no es una gran inversión en adaptaciones, sino una cadena de acciones que van del diseño a la comunicación. 

El 15 % de la población mundial, el equivalente a unos 1.000 millones de habitantes, convive con algún tipo de discapacidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En América Latina existen alrededor de 85 millones de personas con discapacidad y, según Inclúyeme ―empresa que trabaja por la inclusión sociolaboral―, de ellas, 30 millones se encuentran fuera del mercado laboral. 

La desigualdad de oportunidades educativas y los prejuicios arraigados influyen en esta situación, al igual que la falta de accesibilidad. Muchas organizaciones desconocen qué implica que un lugar de trabajo sea accesible y creen que para lograrlo hay que hacer grandes inversiones. La accesibilidad está contemplada en el artículo 9 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad que entró en vigor en 2008. La Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay están entre los países que la han ratificado. 

¿Qué es un lugar accesible? Carla Martínez Sastre, arquitecta especialista en accesibilidad que trabaja en la Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (COPIDIS) de la Ciudad de Buenos Aires, lo define de esta manera: “Es un espacio que permite que todas las personas ingresen y hagan uso de sus instalaciones y servicios, en igualdad de condiciones, con total seguridad y autonomía. Esta condición estará sujeta a los recursos comunicacionales, actitudinales y constructivos que se empleen”. Para Martínez Sastre, al momento de evaluar si un espacio es accesible o no es fundamental comprender la accesibilidad como una cadena de acciones que necesariamente tienen que vincularse entre sí. 

Generalmente, el principal obstáculo es la falta de conocimiento. “Existe la creencia de que hacer un espacio accesible amerita grandes obras, cuando en realidad con algunas intervenciones y el uso inteligente de recursos como la señalética, mobiliarios flexibles y las nuevas tecnologías es posible crear un entorno más amigable para todos”, explica. Martínez Sastre destaca el concepto de “diseño universal”, que propone pensar productos, espacios y servicios aptos para que los use el mayor número de personas posible sin necesidad de adaptaciones ni de un trabajo especializado. 

Globant ―que cuenta con 50 oficinas en 36 ciudades― está en el camino de aprender e incorporar prácticas que conduzcan a la accesibilidad. Como parte de este proceso de aprendizaje, está trabajando a nivel regional con Inclúyeme y estableciendo alianzas con organizaciones locales como  Fundación Bensadoun Laurent en Uruguay y ReIN en Chile, entre otras. “Tanto puertas afuera como hacia adentro de la compañía buscamos llevar adelante iniciativas para trabajar fomentando la diversidad en un sentido amplio, y una de las líneas en las cuales estamos crecientemente poniendo el foco es en la inclusión efectiva de personas con discapacidad en la industria”, explica Francisco Michref, director de Asuntos Públicos y Sostenibilidad de la empresa. 

“Hay muchos tipos de discapacidad, incluso muchos que no conocemos, por eso, siempre vamos generando las adaptaciones necesarias”, explica Eduardo Oppenheimer, VP Corporate Real Estate de la empresa, que dirige el diseño de las oficinas de Globant. El trabajo del área busca estar alineado con lo que marca ADA (2010 ADA Standards For Accessible Design), normativa internacional que da la pauta en temas de accesibilidad.

Los lugares de trabajo son el ámbito en el que las personas desarrollan gran parte de su vida. Diseñando oficinas aptas para todos se fomenta una verdadera cultura de la diversidad, lo que impacta directamente en la igualdad de oportunidades, en la capacidad de innovar y en el crecimiento de toda la gente de una empresa.

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